sábado, 12 de julio de 2014

Paradoja en Febrero.


Es de madrugada cuando Paul despierta, o al menos eso cree –son las 4:49. Aun no eran las 5:00 pero… no faltaba casi nada ¿cierto? Enciende la máquina para hacer café y mientras tanto, sale al porche que da a la orilla de la costa.

Es solo una pared de inmensas piedras que lo separan de la comodidad de su casa y los tiburones. Inesperadamente ve a un pequeño león marino asomar su cabeza por la superficie. No era muy común que esto sucediera pero menos común era lo que estaba a punto de pasar.

Un japonés iba de camino a una convención anime; su Cosplay estaba hecho a la perfección y el auto era su principal complemento, a su vez la llave para ganar por el mejor Cosplay.

Entonces fue cuando el león marino rojo salió del agua; analizando rápidamente, eso era algo poco probable ¿Cómo un león marino iba a poder salir del agua tan rápido? –un momento ¿roja? “Eso no tiene sentido” pensó Paul. El animal se interpuso en el camino del asiático y este hombre salió eufórico del auto. –¡oh vamos! ¿es en serio? Paul frunció el ceño –¡quitare torpe animal! –grito fuerte y claro. Y, el león marino se dio vuelta hacia él.

El hombre que, desde su porche observaba todo, cambio su mirada diciendo a sus adentros –si yo fuera tú, atacaría. Obediente a sus pensamientos, el animal creció hasta llegar al menos a los seis metros, estrangulando el auto del hombre asiático –¿¡Qué estás haciendo, maldito animal!? –dijo gritando y agitando los brazos, rojo casi como el amenazante animal, pero él, por la ira. 

Paul no estaba contento del todo, es zoólogo, ama los animales y pensó –no me agradas. El león marino desvió su mirada hacia el hombre furioso, le gruño y siguió creciendo a medida que se acercaba. De un mordisco quebró los huesos de sus piernas, y los que le sucedían eran los mordiscos –¡lo estaba masticando! Dijo Paul saliendo con prisa de su casa para intentar ayudar… en algo.

Muy tarde. Ya estaba en proceso de digestión.

La ira de Paul aumentó; a pesar de que al principio no era así, ahora se siente culpable, siente remordimiento por no haber hecho algo antes. –¡mierda! Pero ¿qué te pasa?, eras solo un león marino. Dijo acercándose a él con pasos firmes. El animal iba aumentando su tamaño con relación a cómo iba cambiando el ánimo de Paul. Indignado por ser el único que presenció el suceso (su casa es la única en toda la cuadra) baja la mirada. –viene un auto. Lo oía a lo lejos. Trato de tranquilizarse mientras guiaba al león marino a su garaje, para esconderlo. Lo logra. El auto aplastado parecía más un montículo de latón que otra cosa, así que no llamo demasiado la atención. Paul ve por la ranura de la puerta la partida del aquel auto que oía a lo lejos.

Antes de poder sacar al león marino, o abrir la puerta siquiera, sin explicación alguna se desploma en las escaleras.

El animal vuelve a su color y tamaño natural. Entra al mar, como si nada hubiese pasado.

Valery despierta, al igual que Paul va a la cocina para preparar café, pero él ya se le había adelantado. De la nada comienza a llover, a tronar y a relampaguear. Se forma un tornado diminuto, pero lo suficientemente fuerte como para arrastrar los cuerpos de caminadores matutinos consigo y estrellarlos contra las enormes ventanas traseras de la casa.

Caen los cuerpos sin vida.

Reacciona por el fuerte ruido -¿¡qué rayos fue eso!? –dijo en voz alta, tomo una taza de café y fue a ver de dónde provienen los intensos golpes en el vidrio. No le da tiempo de llegar al jardín trasero, se desploma súbitamente en el suelo quebrando la taza.


Hay una habitación, una enorme en la que se encuentra sola. Oye un golpe. –¿Dónde estoy? ¡Déjenme salir! Paul, ¿Paul dónde estás? –gritó desesperadamente buscando a su novio con la mirada. ¡Val, estoy aquí junto a las ventanas! Ella busca desesperadamente unas ventanas. Paul la encuentra primero –aquí estas. Dijo mientras la abrazaba fuertemente. –¿dónde estamos esta vez? Preguntó temblando. –no lo sé, este lugar es nuevo… es demasiado distinto. –¡no! –¿qué? –te estas… Paul no te vayas ¡no por favor! Exclama la chica con una voz desgarradora y lágrimas corriendo por su rostro. –De qué estas… oh, demonios. Se está desvaneciendo. –¡no por favor, no te despiertes! ¡Lucha!... ¡no! Decía la chica sin poder impedirlo.

Se toman de las manos y pocos segundos después Paul desaparece. Despertó. Helena estaba desconcertada y sola en un sitio desconocido. Helena comienza a llorar, se acuesta en el suelo colocándose en posición fetal, rogando despertar, que Paul vuelva, la muerte… algo.

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