sábado, 12 de julio de 2014

Club Pozone


Es la inauguración de un nuevo club en la ciudad y como siempre, hay alcohol, drogas y todo lo que ello implica, sexo, violencia y gente que consume.

Una chica cae al suelo como tronco y un desafortunado camarero tropieza con la chica, haciéndolo caer y quebrar todos los cocteles. La mayoría abuchea y solo un compañero de trabajo lo ayuda a levantarse. –Tranquilo te cubro, ve a buscar otros tragos. –Gracias viejo. –no me agradezcas nada, ¡solo ve!

La gente comienza a irse pocas horas después, y la única persona que no ha dejado el club además del personal, es la misma chica que hizo caer al camarero –Luth, llámale un taxi, tenemos que cerrar. Son casi las 5 am. –él arrastra a la chica hasta la salida, y la ayuda a entrar al taxi. –¡Gracias! Balbucea la chica, muy ebria. Luther se va lo más rápido que puede, para recoger sus cosas e irse casa.  

Mientras enrosca la llave, oye a una chica cantando como gato agonizante en el pasillo. –¿y ahora qué? Dice el chico hacia sus adentros, entrando a su departamento. Se recostó a la puerta y se deslizo hasta caer al suelo. *Un gran suspiro* ve su sala de estar destrozada –Hace como tres meses que no limpio… bueno, otro día mas no hará la diferencia. Toma una ducha y se va a dormir.

Suena el despertador.

Lo apaga y vuelve a la cama.

Despierta por la luz que atraviesa sus persianas y de un salto sale de la cama –mierda ¡es tarde, llegare tarde! Se viste en tiempo record y corre al elevador. Cae al suelo a causa de un zapato de tacón en el pasillo. –Lo que me faltaba ¡karma! Rápidamente se levanta y entra al elevador, corre a penas se abren las puertas y sigue corriendo como loco hasta el semáforo cuando un anciano grita a alguno de sus amigos –¡sábado de strippers Héctor! –se oyen risas de ambos ancianos a lo lejos. Luther desacelera un poco el paso –¿sábado? Se preguntó el chico mirando la fecha en su teléfono. Frustrado –¡Ah! Maldita costumbre, hoy no trabajo. Pide el desayuno para llevar y vuelve a su departamento.

Sube al elevador de mal humor y con aire de chico malo. Se encuentra con sus vecinos de abajo, que no pueden evitar sus demostraciones de afecto en público con ruidos y suspiros incluidos. Se detiene el elevador. Sale espitado y justo cuando esta por abrir la puerta: –¡oye! Tú, el de traje ¿has visto un tacón de color ro… –no. –pero si no he terminado de decir la… *portazo*…oración.

¡Finalmente! Tranquilidad. Se sienta a la mesa para desayunar y llaman a la puerta. –¡oh no puede ser posible! Suelta los cubiertos y se dirige a la puerta. -¿Qué se te ofrece? La chica apenada pregunta ¿has visto un bolso Luis Vuitton en el pasillo? Sé que es algo extraña la pregunta pero, lo perdí… igual que mis zapatos. –no, no he visto nada de eso… si quieres pasa y hablamos, de lo contario, no te prestare atención. –ah… de acuerdo. La chica se sienta en la orilla del sofá, pensando. –¿Qué piensas? –Trato de recordar qué pude haber hecho ayer para perder la mitad de mis prendas. –¿quieres la mitad de mi sándwich? –¿me ayudará a recordar? –no te prometo nada, pero puedes probar. *risas*

El chico la mira con delicadeza, con intenciones de acariciar su rostro y besarla. Muy pronto. Todo pasa muy pronto, el vecino de Luther pone música alta. (“Our Story” de Mako) –haha me recuerda al club, donde estuve anoche. Dice la chica con una sonrisa. –a mi… igual. Contesta Luth abriendo los ojos. –¡tú eres la chica que me hizo caer! –Creo que me confundes, lo más loco que paso anoche fue que me drogue y luego un camarero me acompaño hasta mi taxi, no hice caer a nadie. –¿¡y te parece poco!? Ese era yo. –oh, pues lo siento no era mi intención. –Sal de mi departamento –oye no te molestes. –¡adiós!

Termina su desayuno y sale de nuevo. Ve ha a la chica, pero la ignora y sigue su camino. –¡oye! Luther acelera el paso –es solo para decirte que encontré mis cosas. Él se para en seco, a los pocos segundos voltea –pues, me alegro mucho por ti. –lo siento por lo de hace rato, ¿te invito un café? –ah, pues justo en este momento voy a un café. –espérame, busco mi abrigo y vengo. En un par de minutos vuelve. –Y bien, tú eres el camarero que tuvo la mala suerte de toparse conmigo ¿no? –Tal vez… -suelta una risita. – ¿quisieras volver a empezar? Se sientan en una mesita al aire libre y comienzan a hablar, el sitio se llama Hoppipolla y no por nada, es la canción que suena por lo menos una vez al día. –Esa canción le da un flechazo inmediato a cualquiera, mira a las otras mesas. –él la mira a los ojos con la misma delicadeza de esta mañana, pero esta vez sin ánimos de molestarse. Traen el café y unas galletas con queso crema. –Gracias. –Gracias por qué. Dice la chica con la boca llena. –Por hacerme caer. –Creo que ahora será una buena historia para contar. Ambos se ríen y hacen que el café se bote un poco.

Esa noche, la siguiente y las siguientes se siguen viendo en el club. Uno de sus amigos camareros lo aparta –¿esa no es la chica borracha de la inauguración? –sí, amigo creo que me gusta. En serio me gusta. –En serio me voy a comenzar a preocupar por ti. –No es necesario. Se acerca la chica con otro chico de la mano –Luth, él es mi novio Charlie, lo conocí en el trabajo, es boxeador de la MMA. –Mucho gusto. –El gusto es mío...  

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