Es la inauguración de un nuevo club en la ciudad y como
siempre, hay alcohol, drogas y todo lo que ello implica, sexo, violencia y
gente que consume.
Una chica cae al suelo como tronco y un desafortunado
camarero tropieza con la chica, haciéndolo caer y quebrar todos los cocteles.
La mayoría abuchea y solo un compañero de trabajo lo ayuda a levantarse.
–Tranquilo te cubro, ve a buscar otros tragos. –Gracias viejo. –no me
agradezcas nada, ¡solo ve!
La gente comienza a irse pocas horas después, y la única
persona que no ha dejado el club además del personal, es la misma chica que
hizo caer al camarero –Luth, llámale un taxi, tenemos que cerrar. Son casi las
5 am. –él arrastra a la chica hasta la salida, y la ayuda a entrar al taxi. –¡Gracias!
Balbucea la chica, muy ebria. Luther se va lo más rápido que puede, para
recoger sus cosas e irse casa.
Mientras enrosca la llave, oye a una chica cantando como gato
agonizante en el pasillo. –¿y ahora qué? Dice el chico hacia sus adentros,
entrando a su departamento. Se recostó a la puerta y se deslizo hasta caer al
suelo. *Un gran suspiro* ve su sala de estar destrozada –Hace como tres
meses que no limpio… bueno, otro día mas no hará la diferencia. Toma una ducha
y se va a dormir.
Suena el despertador.
Lo apaga y vuelve a la cama.
Despierta por la luz que atraviesa sus persianas y de un
salto sale de la cama –mierda ¡es tarde, llegare tarde! Se viste en tiempo record
y corre al elevador. Cae al suelo a causa de un zapato de tacón en el pasillo.
–Lo que me faltaba ¡karma! Rápidamente se levanta y entra al elevador, corre a
penas se abren las puertas y sigue corriendo como loco hasta el semáforo cuando
un anciano grita a alguno de sus amigos –¡sábado de strippers Héctor! –se oyen
risas de ambos ancianos a lo lejos. Luther desacelera un poco el paso –¿sábado?
Se preguntó el chico mirando la fecha en su teléfono. Frustrado –¡Ah! Maldita
costumbre, hoy no trabajo. Pide el desayuno para llevar y vuelve a su
departamento.
Sube al elevador de mal humor y con aire de chico malo. Se
encuentra con sus vecinos de abajo, que no pueden evitar sus demostraciones de
afecto en público con ruidos y suspiros incluidos. Se detiene el elevador. Sale
espitado y justo cuando esta por abrir la puerta: –¡oye! Tú, el de traje ¿has
visto un tacón de color ro… –no. –pero si no he terminado de decir la…
*portazo*…oración.
¡Finalmente! Tranquilidad. Se sienta a la mesa para
desayunar y llaman a la puerta. –¡oh no puede ser posible! Suelta los cubiertos
y se dirige a la puerta. -¿Qué se te ofrece? La chica apenada pregunta ¿has
visto un bolso Luis Vuitton en el pasillo? Sé que es algo extraña la pregunta
pero, lo perdí… igual que mis zapatos. –no, no he visto nada de eso… si quieres
pasa y hablamos, de lo contario, no te prestare atención. –ah… de acuerdo. La
chica se sienta en la orilla del sofá, pensando. –¿Qué piensas? –Trato de
recordar qué pude haber hecho ayer para perder la mitad de mis prendas. –¿quieres
la mitad de mi sándwich? –¿me ayudará a recordar? –no te prometo nada, pero
puedes probar. *risas*
El chico la mira con delicadeza, con intenciones de
acariciar su rostro y besarla. Muy pronto. Todo pasa muy pronto, el vecino de
Luther pone música alta. (“Our Story” de Mako) –haha me recuerda al club,
donde estuve anoche. Dice la chica con una sonrisa. –a mi… igual. Contesta Luth
abriendo los ojos. –¡tú eres la chica que me hizo caer! –Creo que me confundes,
lo más loco que paso anoche fue que me drogue y luego un camarero me acompaño
hasta mi taxi, no hice caer a nadie. –¿¡y te parece poco!? Ese era yo. –oh,
pues lo siento no era mi intención. –Sal de mi departamento –oye no te
molestes. –¡adiós!
Termina su desayuno y sale de nuevo. Ve ha a la chica, pero
la ignora y sigue su camino. –¡oye! Luther acelera el paso –es solo para
decirte que encontré mis cosas. Él se para en seco, a los pocos segundos voltea
–pues, me alegro mucho por ti. –lo siento por lo de hace rato, ¿te invito un café?
–ah, pues justo en este momento voy a un café. –espérame, busco mi abrigo y
vengo. En un par de minutos vuelve. –Y bien, tú eres el camarero que tuvo la
mala suerte de toparse conmigo ¿no? –Tal vez… -suelta una risita. – ¿quisieras
volver a empezar? Se sientan en una mesita al aire libre y comienzan a hablar,
el sitio se llama Hoppipolla y no por nada, es la canción que suena por lo
menos una vez al día. –Esa canción le da un flechazo inmediato a cualquiera,
mira a las otras mesas. –él la mira a los ojos con la misma delicadeza de esta
mañana, pero esta vez sin ánimos de molestarse. Traen el café y unas galletas
con queso crema. –Gracias. –Gracias por qué. Dice la chica con la boca llena. –Por
hacerme caer. –Creo que ahora será una buena historia para contar. Ambos se ríen
y hacen que el café se bote un poco.
Esa noche, la siguiente y las siguientes se siguen viendo en
el club. Uno de sus amigos camareros lo aparta –¿esa no es la chica borracha de
la inauguración? –sí, amigo creo que me gusta. En serio me gusta. –En serio me
voy a comenzar a preocupar por ti. –No es necesario. Se acerca la chica con
otro chico de la mano –Luth, él es mi novio Charlie, lo conocí en el trabajo,
es boxeador de la MMA. –Mucho gusto. –El gusto es mío...

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