martes, 6 de enero de 2015

Pecadores por excelencia


Sesión #39: adictos al sexo.
Confesiones de una chica.
Edad: 25.


Hola a todos, hace un año que vengo a estas sesiones y hoy quiero comentarles cómo comenzó mi adicción.

Estaba por mi cuenta mientras terminaba mi carrera de universidad; cuando me gradué conocí a un chico en el trabajo, el típico galán rebelde. Desde el primer día me convencí de que no tenía oportunidad con él y me atrevería a decir que sospechaba acerca de su preferencia sexual.

Tras un año en la empresa y aparentemente soltero, le hablé. Eso dio inicio al primer noviazgo que en verdad disfrutaba.

El sexo era maravilloso, probábamos posiciones del Kama Sutra como prendas de ropa hasta encontrar la ideal, jugábamos con nuestra imaginación para representar roles dominantes… y por qué no pasivos.

Un día él tuvo un accidente, no pudimos tener relaciones y él me dijo –Abrir tu mente, la fortalece. Los miedos pierden volumen conociendo más acerca de ellos. Pero yo escéptica, decidí dejarlo. Después de eso perdí a mis dos amigos más cercanos por acostarme con ellos –no entendía por qué–.


Ocho meses más tarde, me lo encontré en un café. Me saludo y no pude evitar que mis piernas temblaran al oírlo. En seguida vino a mi casa… le quite la camiseta y antes de subirme la falda me corto el aliento con una pregunta – ¿volvemos a empezar? Y le conteste que sí, con la condición de que me enseñara a madurar.


Fue un trueque. Él sería mi única familia y yo sería su aprendiz.

A partir de ahí nos enamoramos de otro fetiche (amo-esclavo).


Estábamos acostados en la alfombra de la sala y me dijo –me asusta lo rápido que pasa el tiempo. Yo le contesté –dicen que la esperanza es lo último que muere. A lo que respondió con una pregunta - ¿quieres ser mi esperanza? Eso terminó en largas horas que pasaron a la velocidad del sonido de nuestros susurros y gemidos. Como había dicho, el tiempo pasó rápido.


–quise hablar acerca de ti, de mi... sobre lo que nos ha separado y lo que por algún motivo nos unió. –y henos aquí. Me dijo mientras rodeaba mi cintura.


Todos nuestras discusiones las arreglábamos con sexo, en nuestros aniversarios probamos algo nuevo en diferentes lugares del mundo. Así fue que una noche en soledad le pregunte a mi subconsciente – ¿Cómo has vivido tanto pero no has aprendido nada? –Me respondí en voz alta– la verdad es, que si había aprendido mucho y no lo cambiaría por nada.


Soy adicta al sexo hace casi 5 años y mi nombre es Eva.


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