lunes, 19 de enero de 2015

¿Carta suicida?

Salgo a caminar pasadas las 0:28.

Ese instinto asesino que te quita el sueño y te sube la adrenalina al máximo, es el responsable de muchas de las razones que te hacen actuar sin pensar. Gente aduladora que dice comprender por lo que estás pasando sólo empeoran tu estado de ánimo.

–Ese instinto se agudiza–

Tiemblo, mientras la indiferencia de la gente me enfunda. Me cubren de pies a cabeza. A lo lejos suena Lilitu de “Blueneck”. La gente ignora lo que expreso, lo que pienso no basta –sonrío falsamente– tal vez porque en el fondo sé lo que piensan.

Ahora sólo quiero volver a donde empezó todo, aunque sé que es imposible. Los odio a todos y de pronto me odio a mí misma. Quiero matarlos y luego deseo no estar aquí... escribiendo esta carta.

No sé si me entiendan, pero realmente no me interesa. –Respira y tranquilízate– pienso. A la vez que las lagrimas hacen un esfuerzo por salir, pero no tienen éxito.

Aquello que me motivaba a hacer cosas increíbles ya no existe –dime, ¿qué hacer?– no hay respuesta de mi subconsciente.

Ansiedad, frustración, molestia. La triada perfecta que describía mi manera de actuar. A veces la gente habla y es cuando quiero, calmada y sinceramente decir –no me interesa– largarme y sonreír orgullosamente.

“Me ha costado cogerle el gusto al sueño” me dijeron. Fue entonces cuando recordé que como decían mis maestros “dormir es para muertos”. Y si es así, para qué recurrir al suicidio si ya estás muerto por dentro.

“Vive tu vida y no bases tus acciones en lo que opinan los demás”. La humanidad apesta, pero no puedo cambiar lo que soy... y amo lo que soy, a pesar de que no esté precisamente orgullosa de lo que me he convertido.

Pero puedo sobrevivir.





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