miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cartas a Evan


Evan, después de tu declaración muchas cosas cobran sentido. Finalmente entiendo por qué te amo tanto y nunca supimos si éramos novios, amigos… o los dos.

Es que –me sonrío imaginándote– si me lo hubieses comentado sabes que lo comprendería perfectamente. Ahora eras no solo mi dulce niño consentido, sino que ahora podía tratarte como tal.

Después de todo, debido a nuestra diferencia de edad, esto se dificultaba ya que son casi 10 años de diferencia. Tu con unos tiernos 19 años y yo pisando los 28... –Querido Evan–

Recuerdo esa vez que me llamaste llorando porque no sabías qué te pasaba y te dije que la homosexualidad no es nada malo. Naciste amando al mismo sexo, eso nunca cambió y me alegra de que hayas elegido bien, nadie puede obligarte a amar, solo tú decides y te apoyo, es más, te diré algo curioso. Cambiando un poco de tema.

Me parece que la foto de ese chico que me mostraste hace un tiempo lo vi en un viaje que hice recientemente en barco. No estoy del todo segura, pero aun si no fuera él, me atrevo a decir que parecía una persona interesante.

Usaba shorts playeros y una camisa con una jirafa en bicicleta, no puede evitar sonreír una que otra vez; tenía un sombrero de esos que usan en los safari y un tatuaje de un atrapa sueños en el antebrazo.

Lo que me pareció más “cool” de él es que al igual que yo, tenía los audífonos puestos, un libro en mano y de vez en cuando cerraba los ojos para sentir la paz del mar –eso quise pensar… porque eso era lo que yo hacía– en un momento de valentía le tome una foto mientras se reía, era como si estuviera posando para mí. Y para ti.

Al parecer se dio cuenta –que vergüenza– porque cuando voltee a verlo tenía la lente en mi dirección, tal como había hecho yo hace unos momentos.

Me quede oyendo Shell de Few  Bits con los ojos cerrados sintiendo la brisa marina. Cuando los abrí no había nadie a mí alrededor, todos estaban viendo algo. Me asome y eran delfines –sonreí y reí de emoción, como un niño abriendo un regalo de navidad– me sentí tan alegre que no tome fotos, sabía que mi cámara no podía capturar la belleza natural que mis ojos si podían. Que gran sorpresa que al voltear a la izquierda ahí estaba él, mirándome.

Fueron tal vez fracciones de segundo, pero valió la pena el recuerdo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario