domingo, 2 de noviembre de 2014

England


Tres semanas en el extranjero –suspiro– una vez en el avión, mientras todos dormían yo observaba las nubes en el cielo negro. Inexpresivo y maravilloso a la vez. Solo escuchaba a lo lejos la turbina del avión y mi profunda respiración.
La primera semana vi una chica en mi clase que me pareció hermosa y yo solo quería hablarle, verla de cerca, oír su voz. En las tardes, pasaba el tiempo jugando con el frisbie y unos amigos del curso. Como una escena cinematográfica, el frisbie siguió de largo y termino justo frente a aquella chica y su amiga, haciéndola dar un respingo y soltar una risita nerviosa que me hizo que emociono más a medida que me acercaba. La mire a los ojos esperando que al fin mis ojos azules sirvieran para algo… y  funciono. En un acto de valentía decidí hablarle – ¿quieren jugar con nosotros? Pregunte con cierto aire de confianza. Ambas se colocaron a mi lado y mis amigos que no pudieron resistirse, se acercaron al rato para habar y más tarde ir a comer algo.
Caída la noche de la segunda semana, no había vuelto a ver a la chica de mi clase, la buscaba con la mirada mientras todos bailaban en el club y de pronto entre pasos y empujones vi una chica a los lejos con la que comencé a bailar. Nuestras miradas se cruzaban y lentamente juntamos las manos en el aire y seguíamos bailando. –durante esa noche, desconocí por completo el significado de “vergüenza”–
El domingo de la misma semana me sentía diferente, no estoy seguro de si era porque me quedaban pocos días en Inglaterra o porque mis amigos no me esperaban a la hora de salir de clases, se iban sin mí me ignoraban cuando es pedía que me esperaran para ir a un club, comer o algo.
La última semana podía decidir entre hacer un tour matutino o quedarme en casa con los del curso y quizá salir por ahí. El jueves me tope por pura coincidencia con la chica que me gustaba y quede con ella para salir el viernes por la tarde, luego del tour.
Antes de salir le comente a uno de mis amigos lo que había hablado con la chica y le pedí que si la veía le recordara lo de esta tarde. Un par de horas más tarde l bus comenzó su camino, me puse los audífonos oyendo “My friend” - Marble Sounds. No oía lo que decía el señor del bus acerca de los atractivos turísticos de de Yorkshire –supongo–. A eso de las 14:00 estábamos volviendo a la escuela de intercambio y, muy lejos de llegar el trasporte dejo de funcionar. Se averió y yo solo pensaba en la chica. Tuve que esperar dos horas a que llegara otros bus de la ciudad. Se habían hecho las 18:34 cuando finalmente llegue a donde esperaba encontrarme con la chica –Amber–.
Pasadas dos horas pensé lo lógico –se había cansado de esperar. Regrese a el departamento con los muchachos y no había nadie. Cene en soledad solo con mis audífonos y unos pantalones anchos.
Mi amigo al criar la puerta grita mi nombre –Dan! Encontré a la chica. –yo de un salto pase del comedor al recibidor. – ¿Qué te dijo? ¡dime! Grite impaciente. –me dijo que te diera esto. Luego de una pausa me abraza. –dijo que no pudo esperar, debía regresar a Londres. No pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas, pero antes de que se deslizaran por mi mejilla las seque con una servilleta.
De regreso a mi país y luego de una inolvidable experiencia, solo me arrepentía de haber decidido ir al tour y no poder despedirme como hubiese podido de Amber.
Mantengo la esperanza que el destino algún día nos reunirá.

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