martes, 4 de noviembre de 2014

En cuatro paredes.


18:45.

Las puertas de la oficina del Doctor Franz Zemansky están a punto de cerrarse cuando de pronto con una proposición, entra Mia Damone, que asiste al curso corto para trabajar en el bufete de la firma Zemansky.

La mañana del 20 de enero, la asistente del importante abogado da las buenas nuevas.

Una llamada interrumpe el profundo sueño de Mia, pero cuando en la pantalla del teléfono ve el apellido de su mentor, sale de su cama de un salto, se arregla y rápidamente va a la oficina.

En el recibo, se encuentra con Kali Homer (la secretaria de Franz) –llega tarde, la están esperando en su oficina. Ella ladea un poco la cabella y en su mente se pregunta – ¿mi oficina? Emocionada corre a ver de qué se trata y se encuentra con su mentor, con una cara no precisamente de felicidad. –Llega tarde, no es lo que esperaba de mi nueva colega– ella se sorprende y deja caer su bolso hasta el antebrazo. ­­–usted fue la que obtuvo mejor ponderación en mis pruebas, pero deber ser más responsable con sus compromisos de trabajo en la firma.

La chica trabaja duro y aun con cansancio trata de hacer lo mejor que puede.

 Franz –Son las 23:56, vaya a dormir, sino mañana no rendirá en sus obligaciones. Ella sin apartar la mirada de los documentos responde –yo jamás dejo algo sin terminar, señor Zemansky. Él, ya con el medio cuerpo fuera de la oficina, retrocede un paso y la mira interrogante –No la estoy retando señorita Damone, pero no creo que esté despierta un par de horas más. Ella le dedica una mirada imponente – ¿Quiere apostar señor?  Zemasky deja su maletín en el escritorio – ¿Qué apostara señorita?  Ella ahoga una risita –eso no puedo decirlo ahora mi señor, estoy trabajando. Se sienta en el amplio sillón y responde –pues esperare.

Mia satisfecha, lleva su informe terminado a la mesita de té junto a Franz, que se encuentra dormido. Se sienta junto a él y detalla el cuerpo de su mentor que con 26 años heredó la agencia de su padre. –lo deseo– susurra.

Franz reacciona y se sorprende al verla leyendo una revista de moda –veo que no mentía… -dice disimulando un bostezo- ahora, que he perdido ¿me dirá cuál es la apuesta? – ¿perderé mi trabajo si digo lo que tengo en mente? – ¿qué tiene en mente señorita? – ¿Qué podría complacerlo? –sorpréndame.



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