18:45.
Las puertas de la oficina del Doctor Franz Zemansky están a
punto de cerrarse cuando de pronto con una proposición, entra Mia Damone,
que asiste al curso corto para trabajar en el bufete de la firma Zemansky.
La mañana del 20 de enero, la asistente del importante
abogado da las buenas nuevas.
Una llamada interrumpe el profundo sueño de Mia, pero cuando
en la pantalla del teléfono ve el apellido de su mentor, sale de su cama de un
salto, se arregla y rápidamente va a la oficina.
En el recibo, se encuentra con Kali Homer (la secretaria de
Franz) –llega tarde, la están esperando en su oficina. Ella ladea un poco la
cabella y en su mente se pregunta – ¿mi oficina? Emocionada corre a ver de qué
se trata y se encuentra con su mentor, con una cara no precisamente de
felicidad. –Llega tarde, no es lo que esperaba de mi nueva colega– ella se
sorprende y deja caer su bolso hasta el antebrazo. –usted fue la que obtuvo
mejor ponderación en mis pruebas, pero deber ser más responsable con sus
compromisos de trabajo en la firma.
La chica trabaja duro y aun con cansancio trata de hacer lo
mejor que puede.
Franz –Son las 23:56,
vaya a dormir, sino mañana no rendirá en sus obligaciones. Ella sin apartar la
mirada de los documentos responde –yo jamás dejo algo sin terminar, señor
Zemansky. Él, ya con el medio cuerpo fuera de la oficina, retrocede un paso y la
mira interrogante –No la estoy retando señorita Damone, pero no creo que esté
despierta un par de horas más. Ella le dedica una mirada imponente – ¿Quiere
apostar señor? Zemasky deja su maletín
en el escritorio – ¿Qué apostara señorita? Ella ahoga una risita –eso no puedo decirlo
ahora mi señor, estoy trabajando. Se sienta en el amplio sillón y responde
–pues esperare.
Mia satisfecha, lleva su informe terminado a la mesita de té
junto a Franz, que se encuentra dormido. Se sienta junto a él y detalla el
cuerpo de su mentor que con 26 años heredó la agencia de su padre. –lo deseo–
susurra.
Franz reacciona y se sorprende al verla leyendo una revista
de moda –veo que no mentía… -dice disimulando un bostezo- ahora, que he perdido
¿me dirá cuál es la apuesta? – ¿perderé mi trabajo si digo lo que tengo en
mente? – ¿qué tiene en mente señorita? – ¿Qué podría complacerlo? –sorpréndame.

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