lunes, 27 de octubre de 2014

Una gota de lluvia


Hoy de camino a la universidad. En medio del tráfico y mucha lluvia, el frío me hacia temblar. Fue entonces cuando de la nada me di cuenta de que en cualquier lugar en el que estuviese sería igual.

Las lágrimas, las risas, la luna, lo placentero del amanecer, hasta los besos; para mí, todo varía según las personas con las que esté y los sentimientos que sienta hacia ellos. No según el país o ciudad... eso es lo de menos.

Hace unas semanas una amiga me propuso mudarnos lejos y empezar de nuevo por nuestra cuenta. Sonaba tan hermoso como difícil.

Mirar a alguien que no puedes tener, que esa persona sea la principal de las razones para irte y abandonar toda tu vida para volver a empezar. No sabía qué hacer ni por dónde empezar para no alejarme de esa persona –más de lo que ya estaba, claro–.

Entonces en voz alta dije –no creo en el destino… pero todo tiene su tiempo. Mantenía la esperanza de que el amor llegase junto la felicidad –Que exigente de mi parte ¿no?–.

Decidí no apurar las cosas e intenté relajarme. Recién había oído el álbum “Plans” de Death cab for a cutie y me encantó.

Mientras trotaba me transportaba a un ambiente bohemio, y más aun oyendo aquel álbum. Pensaba en todo lo que me había estado quitando el sueño. A medida que avanzaba el disco, mi estado de ánimo iba cambiando… al igual que mi expresión facial. El redoble de tambores de la tercera pista me hacía imaginarme en cámara lenta.

Comenzó a llover, pero le reste importancia y seguí trotando –no podía desperdiciar aquel momento perfecto–. Como viñetas, recuerdos me venían a la mente, mis ojos lagrimeaban y los latidos se aceleraban. En ese momento solo deseaba entender a mi familia, que mi padre me aceptara por quien soy y no esperase de mi algo que no planeo hacer. Entre esos recuerdos pesimistas, una pizca de luz logró salvarme de una mala decisión que tal vez me costaría la juventud.

Acabé por aceptarlos y aceptarme como soy. Todos nos equivocamos y pues, no hay de que avergonzarnos ya que de los erroes aprendemos a alcanzar el éxito. A mis verdaderos amigos, los considero parte de la familia. Me han enseñado a tener la frente en alto en los momentos que mas lo necesito. Los amo y no los cambiaría por nada.

Nunca olvidaré aquella tarde en la playa cuando juntos estabamos cantando cantando “Your heart is an empty room”.

No hay mejor amistad que la que no se olvida.




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