lunes, 20 de octubre de 2014

Sin rumbo, una meta.


Me encontraba en la carretera, conduciendo a 100 km/h sin rumbo, solo con una canción y una utopía en la maleta.

Claramente, las cosas que hice en el pasado no van a desaparecer huyendo de la realidad, pero tal vez la realidad es mi pasado. No lo se, yo siempre fui de esas personas que se enamoraba sin medida; para mí el amor es sentir la verdadera felicidad… pero ¿Cómo reconocer la verdadera felicidad?

Recientemente alguien que amo pero está muy lejos me dijo “tengo amigos a los que veo poco, pero a ti no te puedo ver nunca”. No sé cómo describirlo, tal vez él

es lo que yo siempre había querido, alguien que me hiciera sentir la calidez de una familia, lo auténtico de la amistad y lo fino del amor. Quizá en unos años cuando lea esto pensare que quizá exageré, pero es así como me siento ahora.

Escuchar su voz, ver su rostro…  sus labios, sus ojos –suspiro– y no poder tocarlo ni besarlo. Una tortura.

En varias ocasiones me dijeron –de tantas personas que conoces, lo prefieres a él que está lejos. Y yo dije –si, él me gusta mucho más que cualquiera de los que he conocido. “Siempre quieres lo que no puedes tener” oí a modo de suspiro.

Un día hablando por videollamada me dijo –por qué tenemos que estar tan lejos. Pronto se quedó dormido y yo no quise colgar. Su rostro tan relajado e inocente no me dejaba pensar más que en él. Comencé a llorar, lo veía de reojo y en mi cabeza un debate surgió. Al cabo de unos 20 minutos –se  mueve– haciéndome dar un respingo. –Se ve tan hermoso. Dije hacia mis adentros dejando expuesta una media sonrisa mientras ladeaba mi cabeza.

 ¿Cómo le prometes a alguien que ahí estarás? que tus sentimientos no cambiaran… que por fin estarán juntos.

Superando obstáculos, sin olvidar la meta.

Si como dicen “Fácil viene, fácil se va” pues al contrario “Difícil viene, difícil se pierde”.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario