El radio-despertador
suena a las 9:45 perfumando la habitación de Susan, con las inocentes melodías de
“Build my baby” de Bright Sparks. –cuando la escuchen sabrán de qué hablo–
Antes de llegar
al subterráneo Diego le escribe. –no te apures en salir, estoy en el banco. –Se
suponía que nos veríamos a las 11:00 ¡y son las 10:34! Pensó unos segundos
antes de escribir –está bien, te esperaré en el centro comercial.
Eran 11:30 y
Diego aún estaba en el banco. A las 12 Susan estaba a punto de volver a casa,
cuando recibió un mensaje. – ¿Dónde estás? – ¿Tu dónde estás?–no me mates L. Eran las 13:00 cuando finalmente se
encontraron. –y ahora ¿qué haremos Susan? –Ir al parque. Al llegar se dieron
cuenta de que estaba cerrado. No hicieron más que reírse irónicamente.
Caminaron y
caminaron hasta entrar a un edificio de arquitectura peculiar. –Esto parece un
laberinto. –Veamos a donde nos llevan las puertas y escaleras – ¿estás loca? –tal
vez un poco, pero no tenemos nada que perder y aún es temprano. –sí, estás
loca. –Para que esto no parezca tan sospechoso comprare un pie de limón – ¿Qué tiene
eso de normal? –nada, pero me provocó y el vendedor es muy guapo. –Susan,
podemos ir a otro parque. –no, ya estamos aquí.
Comenzaron a
subir las escaleras y la puerta a la que se aproximaban escondía mucha luz. Al
abrirla vieron lo que parecía un helipuerto –no sé si podamos estar aquí,
Diego. –ya estamos aquí. La vista era increíble, ver las calles por las que
siempre habían caminado, el tráfico de las 14:00, los negocios, los otros
edificios. Una canción era perfecta para ese momento “Roses” de Lunatic Wolf.
Ella sacó sus audífonos y le dio uno a Diego –Solo escucha, siente el momento.
El viento se
llevaba sus preocupaciones y la música realzaba su juventud. Tras un largo
suspiro fueron a otro edificio en busca de más paisajes, pero algo salió mal. –Diego,
no puedo abrir la puerta –te dije que era mejor irnos en el ascensor – ¡no me
dijiste nada! Siguieron subiendo las escaleras con la esperanza de que alguna
puerta se pudiera abrir desde afuera. Sin darse cuenta llegaron al piso 12. La
vista era fantástica. – ¿sabes? Me imagino que no está permitido estar aquí, asi
que teóricamente cada foto que tomamos es robada. Sin alejarse de la lente
de la cámara ella responde –entonces
nadie debe saber esto, de lo contrario tendré que matarte. Dice esbozando una
sonrisa forzada. Diego traga saliva y mira el suelo. –Bajemos ¿sí? El personal
de seguridad los estaba esperando y los llevaron abajo para interrogarlos. Se
hicieron pasar por una pareja bohemia que solo quería ir al último piso a ver
la ciudad desde lo alto. Parecieron no creerles, sin embargo los dejaron ir.
Salieron de ahí rápidamente
– ¿te animas a ir a otro? –se te subió la adrenalina porque nos detuvieron ¿cierto
Susan? –es probable. –está bien, pero pensémoslo mejor antes de hacerlo. Tras
caminar unas trece cuadras en busca del edificio ideal, terminaron sentándose a
hablar en una plaza. Las horas pasaban como autos en luz verde. Planeaban su próximo
robo. –Tenemos una cámara y muchos edificios a los que podemos entrar –seremos los
más viles criminales. Ambos soltaron una carcajada. – ¡oh dios mío es tarde! Tengo
que irme Diego. –Yo también, hablemos mientras caminamos de vuelta al subterráneo.
–claro. Por primera vez en toda la tarde, se tomaron las manos y no se soltaron
hasta que llegó el tren.
Una despedida. –
¡Diego! – ¿sí? – ¿Nuestra misión? –Robar paisajes. Ambos se sonríen y los
trenes se ponen en marcha.
Susan muerde su labio pensando en él. Se coloca
los audífonos y busca una canción para el momento. Susurra "misión cumplida", al ver las fotos que tomaron.

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