Son las 0:51.
Helena y Chester
acaban de abandonar sus casas para iniciar una vida nueva juntos, piensan que
cualquier cosa es mejor que volver a su vida cotidiana. Así fue como los
jóvenes comenzaron una vida bohemia, en la que trabajaban de lo que sea para
poder pagar las cuentas. Estafas en parques de diversiones, camareros,
strippers y hasta masajistas eróticos, nada serio.
Una noche ambos
estaban recostados en su amplia alfombra de su espacioso estudio. Solo
existiendo; mirando cómo se oscurecía el techo por el pasar de las horas. Suena
el timbre, acto seguido, nadie atiende. Siguen tocando hasta el cansancio y
nada sucede. Pocos minutos después se oye un cristal caer, uno grande, quizá un
espejo o una gran lámpara. Gritos y patrullas aturden a los vecinos y angustian
a los niños, sin embargo, la pareja lo ignora.
1:55. –Vamos a
salir. Propuso Chester. –Está bien, iré a cambiarme. Respondió Helena
Los chicos salen
y una tempestad envuelve sus alrededores, curiosos, bomberos y paramédicos tratan
de ayudar a los vecinos de los jóvenes, pero no lo logran a tiempo. Ellos como
si nada, pasan por un lado y buscan un buen sitio para comer. Terminan su cena
y vuelven al departamento, aún quedan unos pocos curiosos en el pasillo
comentando el suceso.
Chester se
dirige hacia el baño –Me voy a duchar. –Disfrútalo. Respondió Helena –Ven conmigo. –Tranquilo
tigre, acabamos de comer. –No te hará daño, relájate. –Iré cuando el agua se
caliente cariño. –Pero ¿cómo? si no tenemos calentador. –Exacto. Ambos sueltan una carcajada.
Llaman a la
puerta.
Helena deja lo
que estaba haciendo – ¡Voy a ver quién es y te acompaño a la ducha! – ¡De acuerdo!
Helena abre la
puerta y antes de poder hablar o hacer cualquier expresión, recibe un disparo a
quemarropa que la mata en el acto. – ¿Qué fue eso? Dice Chester a lo lejos.
Sale de la
ducha, se coloca una toalla y lo primero que ve al salir, es a su chica
ensangrentada en el suelo con un sobre sus labios.
Chester en shock
lo único que es capaz de hacer es soltar un grito mudo, sus venas se marcan y
su cara comienza a enrojecerse a medida que las lágrimas salen como si de in
grifo abierto se tratara. Llama al 911 mientras reúne valor para leer la
pequeña carta en un sobre negro mate. Cuando la operadora pregunta por su emergencia
él titubea al leer el contenido y cuelga el teléfono.
“Lo de ayer fue una advertencia. Imaginé que no prestarían
atención ¿esto fue suficiente para tener tu atención Chester?”
Reconoció la
letra enseguida. Era un viejo amigo con el que vendía drogas en su vecindario,
todos los negocios los hacían juntos, querían expandirse por toda la ciudad.
Hasta que él conoció a Helena y dejó el negocio de las drogas, dejando a Trev
por su cuenta.
Después del
funeral de su novia, toda la familia de la chica los despreciaba más de lo que
ya lo hacía, su propia la familia imaginaba que él la había llevado a eso. –y en
parte era verdad–
Trev era bueno,
pero no era muy cuidadoso. Chester se concentró en un mes más de lo que se había
concentrado en sus 22 años, para exponer a la policía todas las pruebas que
necesitaba para atrapar a todo el cartel de Trev. Que no era muy amplio, se conformaba
de menos de ocho personas.
Una mañana,
Chester llegó a la policía con un maletín lleno de pruebas, direcciones, nombres
y números. Atraparon a Trev y a todos los demás, sin embargo eso no le devolvería
a Helena.
La noche de ese
mismo día, él sintió un peso extra en la cama, abrió los ojos y dio un respingo.
Esta impresionado de lo que estaba viendo – ¿Cómo es posible que estés aquí cariño?
Oh por dios, te he extrañado tanto, bésame, no te alejes, no me dejes. –Cariño
yo no volví contigo, tu viniste a mí. – ¿a qué te refieres? –Estas muerto
querido. –Pero estamos en nuestra cama, en nuestro departamento. – ¿Recuerdas cuando
nos preguntábamos si la muerte se asemejaba a dormir eternamente? Decía mientras
buscaba acomodo en el pecho de su novio y ambos miraban al techo imaginando que
era el cielo –sí, lo recuerdo. –Ahora lo sabes cariño, ahora podemos cruzar la
luz juntos. – ¿No la has cruzado?... me esperaste. –te esperaría hasta el fin
del mundo.

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