¡Hola chicos! soy Annie. Ayer mi primo cumplió
18 años y pues, la celebramos a lo... no tan grande, sin embargo, jugamos un
pequeño torneo de beer pong y cuando se acabó la cerveza pues solo quedó improvisar
con los licores que no se habían terminado. –Mala idea–. Obvio que no faltó el hombre que quería
sexo o una chica de una noche y para eso protagonizó el papel de ilusionista… ¿buena
idea no? Lo más divertido es que si lo logró, con la típica chica inocente que
no falta en las fiestas.
Al final de la
noche ya había visto a los amigos de mi primo emborracharse, a varios
encerrarse en el baño (if you know what i mean), a un par besarse y yo… sentada
viendo como surten efecto las hormonas en ellos. Partieron el pastel, nada mejor que uno
saturado de chocolate y malvavisco.
Este día ha sido
interesante… dormí solo cuatro horas y siento como si hubiese bebido tres
RedBull en un vaso gigante. Estoy en el sofá del departamento mi primo, son las
8:00 y obvio, después de acostarse a las 4:00 tras acabarse la fiesta, nadie
normal se levantaría cuatro horas después excepto claro ¡ha! Yo. Mi celular
estaba cargando en la habitación de mi primo que tenía rastros de resaca con
dos adolescentes a un lado, cuyos cuerpos se perdían entre la ropa y las sabanas.
Entré cual ninja para sacar mi teléfono y, misión cumplida.
¡oh! Lo olvidaba.
Antes de eso, no conseguía nada que hacer y me comencé a preguntar – ¿enciendo
la tele? ¿Canto? O podría jugar con las muñecas de mi prima pero no estaba tan
desesperada así que, tomé el primer libro que conseguí y ¿cuál era? BOOM nada más
y nada menos que los Records Guiness del año 2012. En mi mente solo decía –Dios
que acaso ¿nadie va a despertar?
En fin, a las
11:45 aproximadamente uno de los amigos de mi primo salió por la puerta, se despidió
como un zombie y mi primo iba más atrás tal vez en un peor estado, juraría que
hasta lo vi arrastrar el pie.
Pero bueno eso
no fue lo más desafortunado.
Unos 20 minutos más
tarde mi tía hizo su aparición, comenzamos a hablar, hizo el desayuno, comimos
juntas, reímos un rato –sí que me hacía falta– y luego me dijo –puedo llevarte
a tu casa, pero luego de que vengan a buscar a Liam (mi primo). Que significaba
por lo menos cuatro horas más de espera. Al poco tiempo aclaró –a menos que tu papá
te venga a buscar. Al oír esas palabras los mismísimos ángeles entonaron su clásico
coro. Disfruté el momento que duro unos, dos segundos más o menos. Entonces llamé
a mi padre, a mi madre y a mis abuelos. Se preguntarán ¿Por qué no saliste de ahí
sola? Pues… solo contaba con la ropa de la fiesta de mi primo y unos tacones
que no quería ver ni en pintura.
Eventualmente
mis abuelos llegaron al rescate. Y cuando íbamos a la mitad del camino, dijeron
que iríamos a comer y yo solo quería que me dejaran en la estación de metro. Pero
si caminaba cinco minutos más con esos tacones del demonio, alguien iba a salir
lastimado y no me refiero solo a mí. Después de comer y morirme de frio porque
ese restaurante parecía estar bajo cero, finalmente salimos y llegué a la misma
hora a la que hubiese llegado si esperaba a mi tía. Tal vez hasta un poco más
tarde.
Llegue a mi habitación,
me quite la ropa no tan perfumada a “party hard” como pensé (por fortuna). Me duché
y me acosté para escuchar música mientras leía un poco.
Estoy un poco
desecha pero en fin, fue divertido.
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