sábado, 11 de julio de 2015

Alcohol, música y chocolate

¡Hola chicos! soy Annie. Ayer mi primo cumplió 18 años y pues, la celebramos a lo... no tan grande, sin embargo, jugamos un pequeño torneo de beer pong y cuando se acabó la cerveza pues solo quedó improvisar con los licores que no se habían terminado.  –Mala idea–. Obvio que no faltó el hombre que quería sexo o una chica de una noche y para eso protagonizó el papel de ilusionista… ¿buena idea no? Lo más divertido es que si lo logró, con la típica chica inocente que no falta en las fiestas.

Al final de la noche ya había visto a los amigos de mi primo emborracharse, a varios encerrarse en el baño (if you know what i mean), a un par besarse y yo… sentada viendo como surten efecto las hormonas en ellos. Partieron el pastel, nada mejor que uno saturado de chocolate y malvavisco.

Este día ha sido interesante… dormí solo cuatro horas y siento como si hubiese bebido tres RedBull en un vaso gigante. Estoy en el sofá del departamento mi primo, son las 8:00 y obvio, después de acostarse a las 4:00 tras acabarse la fiesta, nadie normal se levantaría cuatro horas después excepto claro ¡ha! Yo. Mi celular estaba cargando en la habitación de mi primo que tenía rastros de resaca con dos adolescentes a un lado, cuyos cuerpos se perdían entre la ropa y las sabanas. Entré cual ninja para sacar mi teléfono y, misión cumplida.

¡oh! Lo olvidaba. Antes de eso, no conseguía nada que hacer y me comencé a preguntar – ¿enciendo la tele? ¿Canto? O podría jugar con las muñecas de mi prima pero no estaba tan desesperada así que, tomé el primer libro que conseguí y ¿cuál era? BOOM nada más y nada menos que los Records Guiness del año 2012. En mi mente solo decía –Dios que acaso ¿nadie va a despertar?

En fin, a las 11:45 aproximadamente uno de los amigos de mi primo salió por la puerta, se despidió como un zombie y mi primo iba más atrás tal vez en un peor estado, juraría que hasta lo vi arrastrar el pie.

Pero bueno eso no fue lo más desafortunado.  

Unos 20 minutos más tarde mi tía hizo su aparición, comenzamos a hablar, hizo el desayuno, comimos juntas, reímos un rato –sí que me hacía falta– y luego me dijo –puedo llevarte a tu casa, pero luego de que vengan a buscar a Liam (mi primo). Que significaba por lo menos cuatro horas más de espera. Al poco tiempo aclaró –a menos que tu papá te venga a buscar. Al oír esas palabras los mismísimos ángeles entonaron su clásico coro. Disfruté el momento que duro unos, dos segundos más o menos. Entonces llamé a mi padre, a mi madre y a mis abuelos. Se preguntarán ¿Por qué no saliste de ahí sola? Pues… solo contaba con la ropa de la fiesta de mi primo y unos tacones que no quería ver ni en pintura.

Eventualmente mis abuelos llegaron al rescate. Y cuando íbamos a la mitad del camino, dijeron que iríamos a comer y yo solo quería que me dejaran en la estación de metro. Pero si caminaba cinco minutos más con esos tacones del demonio, alguien iba a salir lastimado y no me refiero solo a mí. Después de comer y morirme de frio porque ese restaurante parecía estar bajo cero, finalmente salimos y llegué a la misma hora a la que hubiese llegado si esperaba a mi tía. Tal vez hasta un poco más tarde.

Llegue a mi habitación, me quite la ropa no tan perfumada a “party hard” como pensé (por fortuna). Me duché y me acosté para escuchar música mientras leía un poco.


Estoy un poco desecha pero en fin, fue divertido.


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